Terminé Out, de Natsuo Kirino, y lo que más se quedó conmigo no fue el crimen que pone en marcha la historia, sino el mundo que lo hace posible.
A través de sus personajes —mujeres agotadas que trabajan durante la noche en una fábrica—, la novela muestra una parte de la sociedad japonesa que rara vez vemos desde fuera. No la de las ciudades ordenadas, la prosperidad o la armonía colectiva, sino la de la precariedad, la violencia doméstica, la corrupción y quienes sobreviven en los márgenes.
Quizá estas realidades no se manifiesten de la misma manera que en nuestras sociedades. Pero eso no significa que no existan. Como ocurre con tantas vidas que permanecen fuera de nuestra mirada, la apariencia de normalidad también puede ocultar sufrimiento.
Out es una novela oscura y, por momentos, brutal. Pero su verdadera incomodidad no está en aquello que sus protagonistas llegan a hacer, sino en comprender las circunstancias que poco a poco las empujan hasta ahí.
A veces la ficción no nos permite escapar de la realidad.
Nos obliga a mirar la parte de ella que preferimos no ver.

