Discutimos para descubrir la verdad… o eso nos gusta creer. Quizá el verdadero problema no sean los argumentos, sino aquello que sentimos que perderíamos si cambiáramos de opinión.
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Dos personas pueden mirar exactamente la misma realidad y salir convencidas de haber visto cosas distintas. Tal vez el problema no sea la inteligencia, sino los atajos que utiliza nuestro cerebro para entender el mundo.
Deja un comentario¿Y si nuestras preferencias partidistas están marcadas por nuestra estructura cerebral? ¿O será el partidismo el que modifica nuestro cerebro?
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