Sabemos que podemos equivocarnos, pero reconocerlo no siempre se siente como aprender. A veces parece que perdemos coherencia, pertenencia o una parte de nuestra historia.
Deja un comentarioRoberto Sánchez Torre Entradas
Podemos cruzar continentes sin movernos de nuestras certezas. Viajar comienza cuando el mundo real contradice el mapa que llevábamos dentro y nos obliga a reconocer que algunas de nuestras ideas estaban equivocadas.
Comentarios cerradosOut muestra una parte de Japón que rara vez vemos: mujeres agotadas, precariedad, violencia y todo aquello que puede esconderse bajo una apariencia de orden.
Comentarios cerradosUna vida no alcanza para conocer todas las formas de ser humano. Los libros nos permiten acompañar a personas que nunca existieron, recordar lugares donde jamás estuvimos y mirar el mundo desde vidas que nunca podremos vivir.
Comentarios cerradosLos niños viven preguntando por qué. Muchos adultos terminamos creyendo que ya entendemos el mundo. Esta carta explora cómo la rutina, la escuela y la sobreinformación van apagando nuestra capacidad de asombro, y por qué recuperar la curiosidad quizá sea una forma de volver a mirar.
Comentarios cerradosExtracto
Todos opinamos. Muy pocos nos detenemos a preguntarnos si nuestros argumentos realmente sostienen lo que creemos. Esta carta no trata de ganar discusiones, sino de aprender a reconocer las trampas del razonamiento —las falacias— que aparecen todos los días en las redes sociales, la política, el trabajo, la familia… y también en nosotros mismos.
Comentarios cerradosDiscutimos para descubrir la verdad… o eso nos gusta creer. Quizá el verdadero problema no sean los argumentos, sino aquello que sentimos que perderíamos si cambiáramos de opinión.
Comentarios cerradosDos personas pueden mirar exactamente la misma realidad y salir convencidas de haber visto cosas distintas. Tal vez el problema no sea la inteligencia, sino los atajos que utiliza nuestro cerebro para entender el mundo.
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